Los hijos de Marta Aguirre han abandonado el hogar familiar. Se han marchado de Bilbao. Se han hecho mayores y están en la Universidad. En Madrid.
Pero ella les ve cuando quiere. Tiene su casa, su APARTAMENTO ÁTICO, de hecho dos para elegir. Se esmera los sábados en la cocina, -recuerden, es vasca- y comen en familia. Nada parece haber cambiado.
Su ático es luminoso, abuhardillado, fresco, perfectamente climatizado y, sobre todo, tranquilo.
Por las tardes sale de compras, le encanta la ropa, -recuerden, es vasca- y en un ratito repasa las novedades de Armani, Tommy Hilfiger, Loewe o Carolina Herrera.
Es feliz y, casi, casi, madrileña porque, recuerden, tiene su ático.
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