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Plaza Mayor, el crisol de la Madrid moderna

En los restaurantes que se ubican alrededor de la estatua ecuestre de Felipe III se ofrece gastronomía italiana, griega, marroquí, turca y, por supuesto, los españolísimos paella a la valenciana, paticas de puerco, rabo de toro y jamón ibérico.

A la Plaza Mayor, uno de los símbolos de la arquitectura y de la historia madrileñas, las guías turísticas no le hacen el honor que se merece.

Estos manuales describen lacónicamente la importancia urbanística de las construcciones que la componen, se limitan a narrar las celebraciones que los españoles han realizado en ella y hacen un resumen, a veces impreciso, de su historia.

Nada más injusto. Las guías no les informan a los turistas que la Plaza Mayor es el centro nervioso de Madrid. Y no porque allí se realicen las transacciones más importantes de la vida económica del país ibérico; tampoco, porque a ella confluyan las vías más importantes de la ciudad; más bien, este corralito de piedra y ladrillo encierra, al mismo tiempo, el espíritu de la Madrid antigua y el alma de la metrópoli moderna.

 

Allí, por ejemplo, se puede conversar, si se es políglota, con personas de todas las nacionalidades, más japonesas y ecuatorianas que congoleñas o vietnamitas.

También puede degustar de la gastronomía turca, marroquí e italiana, además, claro, de la españolísima paella o de una ración del saludable jamón ibérico.

Y es que, muy probablemente, cuando Felipe III le añadió prestigio a su reinado edificando sobre lo que era la Plaza del Arrabal esta bella e impresionante plaza porticada entre 1617 y 1619 no sabía que se iba a convertir en el epicentro cultural de Madrid.

Aparte del crisol de nacionalidades representado en turistas y vendedores, meseros, fotógrafos y pintores de todo el mundo, en el marco de la Plaza Mayor se ubican quizá los apartamentos más costosos del centro de la ciudad del oso y el madroño, su símbolo internacional.

Claro que ser epicentro de las festividades y de las celebraciones de los acontecimientos culturales y políticos parece ser una función que no ha cambiado durante sus casi 400 años de existencia.

En el Siglo XVII fue el escenario de acontecimientos públicos, fiestas, recibimientos solemnes, juegos de cañas (espectáculo considerado padre del rejoneo) y toros. Además, en sus portales se reunieron los más famosos gremios (agrupaciones profesionales) de la época

Lo que sí dicen las guías de turistas es que en 1790 la plaza sufrió un incendio, por lo que fue restaurada y que en su centro se encuentra la obra de los escultores reales Juan de Bolonia y Pietro Tacca que representa la figura ecuestre de su mecenas Felipe III. Por todo lo anterior y para presenciar de primera mano los frescos que adornan la fachada de la Casa de la Panadería, deje la guía en el hotel y arriésguese a conocer el centro de Madrid, es una experiencia inolvidable.

Fuente: http://www.elpais.com.co/